Vaquería.
Había
una vez un mundo de vacas carroñeras que le daban la espalda a la Vida. Tan
amargadas estaban las reses, que ni siquiera amamantaban a sus criaturas con
leche pura. Por sus ubres destilaban ponzoña amarga. A través de desafinados
mugidos, expresaban su desencanto de raza, su martirio vacuno. Sin alas ni
plumas coloridas, sin capacidad de trino, asestaban cornadas al prójimo.

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